Tú eres el que tiene la culpa de todo. Sí, tú tienes la culpa de que mi cabeza no sea capaz de pensar en otra cosa que no seas tú, tienes la culpa de que cuándo estoy contigo no vea más allá de tus ojos, tienes la culpa de que cuándo miro tus ojos me tiemble la voz y no pueda pronunciar dos palabras seguidas sin tartamudear. Tus ojos son los culpables de que me haya enamorado de tí. Tu forma de ser es la culpable de que cada vez que hablo contigo me sienta bien, sonría. Las cosas que me dices son las culpables de que cada segundo esté un poquito más enamorada de tí. También tienes la culpa de que no sea capaz de decirte lo que siento por miedo a que todo cambie, por miedo a que ya no estés igual conmigo, a que no me digas que me quieres. Sé que es una chorrada, que probablemente si te digo todo lo que siento simplemente me digas lo que sé que voy a escuchar "lo siento pero yo no siento lo mismo" pero eres demasiado importante para mí cómo para arriesgar tanto, cómo para intentarlo y que lo que más temo se haga realidad, por eso, si algún día te llegas a enterar de todo pues no habrá remedio, pero hasta ese día yo me seguiré guardando mis sentimientos.
El día que te conocí me enamoré con tan sólo mirar tus ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario