jueves, 28 de abril de 2011

# Él.

-No hace falta que me digáis que él tiene esa sonrisa, y esas maneras. Le he visto serio, ser él mismo, y enserio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que "mírale, como bebe las cervezas", todo eso de que él puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir viva, todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabéis lo que es caer desde un precipicio, que él aparezca de golpe y de frente para decirte: "venga, levanta y me lo cuentas". No sabéis lo que es despertarte y que él se retuerza y bostece, luego te abraze, y luego no sepas como deshacerte de todo el mundo. Que yo soy la que pierde la cabeza por sus ojos, el sentido por sus palabras, y el aire por un mínimo roce de mejilla. Que cuando él cruza por debajo del cielo, solo la tonta mira al cielo, que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada, y se muerde el labio superior, que conozco su voz en formato susurro, en formato gemido y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices y el sitio que le tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Que he memorizado su número de teléfono y también el numero de los escalones de su casa. Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores. Y es que no tengo el valor suficiente para decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendra jamás con la luna. Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente él, rendido a ese puto milagro que supone que exista. Que le he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que le puso el camino y le he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. Que solo los sueños pueden posarse sobre las cuatro letras de su nombre. Que razones para quedarnos mirándole tenemos todas, pero yo, muchas más que ninguna.

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